Busco las llaves para entrar en mi piso, pero no¡ a lo mejor debo saltar, despojarme de tanta cosa pesada a mis espaldas. Cambio. Salto. Caigo sobre la arena que es mi piel, sumergiéndome más y más adentro de mí mismo. Soy la orilla. La sal de mi propio mar que viaja hacia la Isla Luciérnaga.
1 Comments:
ohhh!
bello, a mí me dan también esos ataques de negentropía para exorcisar el alma de sus isquemias...
te voy a invitar a ayudarme, yo limpio al son de los orishas...
:)
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