Espacios pequeños iluminan la noche. Abren camino en medio de tormentas para regresar nuevamente, para reencontrame en una isla que no se ha movido. El cambio existe, es posible aunque insisto, jamás me fuí.
Busco las llaves para entrar en mi piso, pero no¡ a lo mejor debo saltar, despojarme de tanta cosa pesada a mis espaldas. Cambio. Salto. Caigo sobre la arena que es mi piel, sumergiéndome más y más adentro de mí mismo. Soy la orilla. La sal de mi propio mar que viaja hacia la Isla Luciérnaga.
1 Comments:
... existe... y la isla también, la isla también.
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